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viernes, 1 de febrero de 2008

Adiós, adiós, adiós...


Ayer por la noche murió mi tío.

Cuando me llamó mi madre apenas podía dar crédito a lo que oía. La última vez estaba tan sereno, tan dormidito, sedado en la cama del hospital... Pero estas cosas son como son.


Mi padre no estaba en casa y nadie era capaz de localizarlo, así que me quedé aquí en casa sola como estaba, aún en estado de shock. Me senté en mi cuarto y me puse a contemplar la foto de mis tíos en su boda. Todo en blanco y negro, la media sonrisa de ella, él detrás, en actitud protectora. Quién sabe si estarán ahora de nuevo juntos... la verdad es que no creo en Dios, ni nunca he creído, pero en estas situaciones a uno le gustaría creer que vuelves a encontrar a alguien allá donde vayas... suponiendo que vayamos a algún sitio.


Pero siempre he pensado que era mejor así. Que vivir encadenado a una cama de hospital, sedado de la mañana a la noche, no es vivir. Que ya eran muchos años.


Le detectaron cáncer los últimos días, hace poco... pero claro, quién sabe qué fue. Si fue cáncer o fueron los años. En cualquier caso, lo más importante es que no sufrió, que murió dormidito en la cama, sedado y sin sentir dolor. Una tarde del último día del primer mes del año.


Así que sólo me queda decir adiós, adiós, adiós...

Nos quedas en el recuerdo. En esas Navidades que pasábamos aquí, en esta misma casa, cuando yo aprendía a multiplicar y a dividir y todavía te llamaba Tío Peste, por todo lo que me hacías rabiar. Pero qué burro que eras... siempre tenías que tener la razón... Y cuando me llevabas al bar de abajo a tomar un mosto y una paellita chiquita... cómo me gustaba venir a Valladolid.


Ayer me acordaba de una poesía de Bécquer mientras te veía allí tan solo en la sala del tanatorio. Me costó Dios y ayuda superar el miedo y acercarme a verte... nunca había visto a nadie muerto así, delante de mis propios ojos. Allí blanco como el papel, el gesto duro, contenido, los ojos cerrados. Recuerdo que le dije a mi padre que yo no quería eso nunca, morir y quedarme allí a que todos me miren y hablen de mí. Todo me parecía tan superficial, tan obscenamente morboso, desde los caramelos en la mesa central y el cortinaje con aires de realeza hasta el hombre de la cartera que vino ya con cara de circunstancias. Hay cosas que me exasperan.


Pero bueno, decía que me acordaba de una poesía de Bécquer, una que repite "¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!"... y ésa era la sensación que se me quedó... que yo me iría a dormir mientras allí quedaba él tan solo... y pensé en lo asustada que estaría yo de quedarme allí sola... vale, ya sé que estaría muerta, pero aun así da lástima. Tenía partes muy bonitas aquel poema... "¿Vuelve el polvo al polvo? / ¿Vuela el alma al cielo?"...



Pero yo sólo digo adiós, adiós, adiós, Tío Peste...

"De la alta campana, la lengua de hierro le dio, volteando, su adiós lastimero"

6 imaginan conmigo:

Carlos dijo...

lo siento mucho....

alfonso dijo...

Pon tu las palabras. Las tienes mejores que yo. Escoge las más hermosas.
Un beso.

Zanahoria dijo...

Gracias a los dos. Un beso enorme.

Abuela Ciber dijo...

Recibe mi cariño y respeto por estos momentos, que duros pasaran y volveras a recordar solo los buenos .

Zanahoria dijo...

Gracias por tu cariño, Abu. Un beso.

Carlota dijo...

Lo siento, Zana. Aunque pienso como tú, mejor así que encadenado a una cama de hospital...pero es triste para los que nos quedamos aquí, porque no podemos evitar echarles de menos. Un beso enorme.