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lunes, 9 de marzo de 2009

Deseos



Cuando una persona desea realmente algo,
el universo entero conspira para que pueda realizar sus sueños.
Basta con aprender a escuchar los dictados del corazón
y a descifrar un lenguaje que está más allá de las palabras,
el que muestra aquello que los ojos no pueden ver.



Jorge Luis Borges.

martes, 10 de febrero de 2009

El poder del dinero


- ¡Ninguna de sus dos hijas va a venir! Voy a escribirles a las dos.

- Ninguna -repitió el anciano incorporándose un poco en su catre- Tienen asuntos graves, tienen que dormir... No vendrán. Ya lo sabía. Hay que morir para saber lo que son los hijos. ¡Oh, amigo mío, no se case usted nunca, no tenga hijos! Usted les da la vida y ellos le dan la muerte. Usted los hace venir al mundo y ellos le echan. No, no vendrán. Lo sé hace diez años. Algunas veces pensaba en eso, pero no me atrevía a creerlo.

Dos lágrimas asomaron al borde rojo de sus ojos, sin llegar a caer.

- ¡Ah, si yo fuese rico, si hubiera guardado mi fortuna, si no se la hubiera dado a ellas, estarían aquí lamiéndome las mejillas con sus besos! Viviría en un palacio, tendría hermosas habitaciones, criados y fuego para mí; y ellas llorarían, lo mismo que sus maridos y sus hijos. Pero no tengo nada. Con dinero se tiene todo, hasta hijas. ¡Oh! ¿Dónde está mi dinero? Si tuviera un tesoro para legarles, me vendarían, me cuidarían; las oiría y las vería. ¡Ay, hijo mío, mi único hijo! Prefiero mi abandono y mi miseria. Al menos, cuando un desgraciado se ve querido, puede estar bien seguro de que se le quiere.


Papá Goriot - Honoré de Balzac

jueves, 17 de abril de 2008

*El tiempo pasa


Desde mi sólida banqueta, o sea desde mi trono de pelagatos, veo desfilar el tiempo y sus minucias, los torbellinos del desorden, las fragatas que en el puerto se mecen impasibles, los murciélagos que inmóviles vigilan, las golondrinas que regresan cargadas de experiencia.



También manos que ahora son casi garras, bocas seductoras que reclaman besos, pieles que se convierten en pellejos, ojos que aman cuando miran, colinas de allá lejos que se acercan, arroyos que se vuelven ríos, ríos que se vuelven mares.



Desde mi sólida banqueta, desde mi trono de pelagatos, veo cielos que se aclaran y se oscurecen, viejitas que no hace mucho eran muchachas, desalientos que fueron esperanzas. Pero también futuros que se abren y nos llaman, con promesas que quién sabe y no obstante admitimos.



El tiempo pasa sin interrupciones, con paisajes que llenan el contorno, alarmas con abismos, glorias inaccesibles, perdones que no pedimos y alborotos en la conciencia cerrada con candado.



Hasta que una noche inesperada, los párpados sucumben y ya no se levantan.




Mario Benedetti - Vivir adrede

miércoles, 2 de abril de 2008

Juan Salvador Gaviota, fragmentos

La única respuesta que puedo dar, Juan, es que tú eres una gaviota en un millón. La mayoría de nosotros progresamos con mucha lentitud. Pasamos de un mundo a otro casi exactamente igual, olvidando enseguida de dónde habíamos venido, sin preocuparnos hacia dónde íbamos, viviendo sólo el momento presente. ¿Tienes idea de cuántas vidas debimos cruzar antes de que lográramos la primera idea de que hay más en la vida que comer, luchar, o alcanzar poder en la Bandada? ¡Mil vidas, Juan, diez mil! Y luego cien vidas más hasta que empezamos a aprender que hay algo llamado perfección, y otras cien para comprender que la meta de la vida es encontrar esa perfección y reflejarla. La misma norma se aplica ahora a nosotros, por supuesto: elegimos nuestro mundo venidero mediante lo que hemos aprendido en éste. No aprendas nada, y el próximo mundo será igual que éste, con las mismas limitaciones y pesos de plomo que superar.
****
¡Si nuestra amistad depende de cosas como el espacio y el tiempo, entonces, cuando por fin superemos el espacio y el tiempo, habremos destruido nuestra propia hermandad! Pero supera el espacio, y nos quedará sólo un Aquí. Supera el tiempo, y nos quedará sólo un Ahora. Y entre el Aquí y el Ahora, ¿no crees que podremos volver a vernos?
Juan Salvador Gaviota, de Richard Bach.

miércoles, 23 de enero de 2008

Hablar o no hablar

"Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí".
Martin Niemoeller. (Atribuido a Bertolt Brecht).